Dedicado a Rosario Álvarez y Oscar Páez, los protagonistas de esta síntesis cultural.
El ingeniero agrónomo Miguel Piñeyro es productor rural de Colonia Valdense, conocido por el trabajo de extensión y promoción de prácticas de producción y manejo sustentable en ganadería y agricultura. Es un investigador y viajero, interesado en las prácticas agrícolas en el continente sudamericano, quien considera que la agroecología provee el soporte teórico y práctico suficiente como para orientar la producción agropecuaria con la racionalidad de la sustentabilidad del sistema.
En la chacra de diez hectáreas que explota con la familia, conviven las prácticas de cultivo y cría de ganado de carne intensivamente, en asociación con la cría de aves en libertad, y la producción de papas y frutas, por métodos verdaderamente originales para el lego, como es el caso de la agricultura vertical dentro de neumáticos de auto usados. Luego de llenar de tierra un primer neumático y plantar la semilla de papa, y después de una primera maduración del tubérculo, la adición de nuevos neumáticos y la tierra correspondiente, lleva a que una sola planta alcance la altura de cinco gomas con los correspondientes dos kilos de papa por nivel, es decir, diez kilogramos por planta y por pila.
Esta es la visión del ingeniero Miguel Piñeyro que lo mantiene inquieto e investigando y difundiendo siempre la buena nueva de la conservación del medio ambiente. A este hombre hemos dado en llamarle por su perseverancia en la prédica entre productores y en la órbita del Programa Uruguay Rural del Ministerio de Ganadería y Agricultura, el profeta, por la sencilla razón que su prédica sesuda y comprobada anticipa soluciones, propone medidas y procedimientos para capear la mayor sequía del Uruguay en sesenta años, particularmente al sur del Río Negro.
El cambio de Gobierno y enfoque económico de la actividad agropecuaria producido en 2004, llevó a las autoridades del MGAP a reorientar el programa Uruguay Rural hacia los «grupos de pobreza» del medio rural, como es el caso que nos ocupa, al norte de Ecilda Paullier. Hasta el advenimiento del nuevo gobierno los recursos de dicho programa, provenientes del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), -una
Agencia especializada de las Naciones Unidas- se habían invertido en foros académicos y organización de los productores pero sin efecto en la condiciones de vida de los menos prósperos, y era inminente el corte de dicho financiamiento por falta de resultados auspiciosos. Por esta razón se decide a nivel ministerial reorientar la inversión hacia el grupo mencionado a la espera de verdaderos resultados y beneficios para el trabajador del medio y asegurar la chance de renovar la línea de crédito al término del contrato.
Este redireccionamiento del «PUR» hacia los grupos de pobreza incluyó otros técnicos en las tareas de promoción y extensión como es el caso del trabajo social a cargo de profesionales consustanciados con este tipo de actividad, caracterizada por el necesario conocimiento de las condiciones de vida de la población objeto. La presencia del psicólogo social Julio Listre** en el equipo de técnicos que conviven con los productores permite conducir y sistematizar, los elementos de cohesión del grupo de productores e inventariar limitantes de todo orden que dificultan el avance del programa y la obtención por consiguiente de resultados de mejora del nivel de vida.
No son menores las dificultades de la familia rural a la hora de asegurar la asistencia a clase de los hijos, a causa de inclemencias climáticas, que terminan perjudicando la escolaridad, y desestimulando finalmente a la concurrencia a los centros de estudio con motivo de las faltas, insalvables. Las condiciones topográficas y geográficas hacen inaccesibles los caminos en tiempos de lluvia, vadear arroyos y cañadas puede ser una empresa temeraria en esas condiciones.
Es parte de esta iniciativa comprender el proceso productivo desde la familia como núcleo dinámico, proveedor de fuerza de trabajo pero carente de los recursos formativos y económicos que habiliten la puesta en práctica de la racionalidad científica y de las mejores prácticas. Este procedimiento de abordaje global de la problemática del pequeño productor permite incidir en las condiciones materiales de la vida cotidiana o, dicho en otros términos, evaluar y concretar soluciones para el transporte escolar, asegurar la asistencia a clase de los niños, controles médicos y empadronamiento en el sistema de salud, así como socializar a los productores entre sí, mediante el estímulo a aquellas iniciativas que involucran a la comunidad productiva.
En tiempos de la más furiosa invasión electrónica mediante «chiches», celulares, computadoras super compactas y videoteléfonos, el campesinado uruguayo ha perdido las raíces de su cultura y cortado las amarras con la cadena de transmisión de métodos, modos y costumbres, como para defenderse de la seca y enfrentar la consiguiente falta de pasturas para alimentar al ganado.
La lluvia es el motor inmóvil aristotélico. Si no llueve en las cantidades apropiadas el ciclo vital que va de lo inorgánico a lo animal pasando por lo vegetal se detiene.
Los pequeños productores lecheros-queseros, artesanales familiares, del Pavón, al norte de Ecilda Paullier y en el departamento de San José son los que más sienten los efectos devastadores de la sequía y el calor abrasador continuado desde octubre de 2008 hasta el presente, cuando escribimos estas notas. Los campos amarillean por doquier, los árboles se secan al igual que las plantas, la vegetación quemada toma el color terroso del ladrillo de campo, los pastos resecos se asientan sobre un ladrillo continuo y resquebrajado que se extiende hasta el polvoriento confín.
Sin embargo por los campos de San José y en las cercanías del arroyo Pavón anda el redentor, un joven agrónomo, que recorre las ondulaciones de la Sierra de Mahoma asesorando «sine pecunia» a todos los que lo quieran oír.
El paisano de esas inmediaciones como todo el pobrerío del campo y la ciudad, obligado a pisar terrones o a masticar galleta dura no puede evitar hacerse cargo de la maldición de la seca. Se sienta y espera que llueva por milagro, es la lluvia la única que puede echar a andar nuevamente la rueda de la vida: agua no tiene, pasto tampoco, a duras penas para la comida, las vacas están flacas, ya no dan leche, y queso por consiguiente, no se puede fabricar.
¿Será la cultura del dinero y el mercado, la causa del olvido de las tradiciones y soluciones a las limitaciones que impone la baja o inexistente disponibilidad de agua y alimento? ¿Quién disuelve y erosiona groseramente los cimientos de nuestra cultura si no es que la otra cultura, la contracultura de lo efímero, nos lleva a pensar que podemos comprar también, remedios contra la adversidad climática?
Por eso el «profeta ingeniero» se reúne a masticar la bronca entre sus pares campesinos donde la única diferencia con ellos son los cimientos de su cultura agroecológica que no se deja erosionar con cantos de sirena ni nutrientes o semillas preparados por Monsanto. El agrónomo profeta sugiere abandonar las sillas recalentadas y el cerebro en estado de ebullición para volver a las recetas de padres y abuelos agricultores-pastores.
Una mujer paró la oreja: ¿cómo era que se hacía antes para transformar la semilla de trigo en siete veces su peso en brotes tiernos? ¿Rascar en las vertientes para sacar agua? ¿Qué vertiente? ¿Con qué fuerzas y cómo?
La semilla de trigo germinada sobre un trozo de nylon y regada continuamente durante una semana o diez días produce el milagro. Las semillas se hinchan hasta que emerge un tallo verde fuertemente enraizado con los demás brotes, que se puede dar de comer al ganado. Excelente alimento para las vacas lecheras, que recuperan peso
rápidamente.
Exacto, así era, así fue siempre que la «productividad» para el mercado abstracto no era la única meta de la producción familiar. Cuando la soledad era verdadera y losinmigrantes europeos pusieron sus pies en estas latitudes, alejados de vecinos, sin telégrafo, ni tren, ni transporte fácil, los recursos que uno no inventa, no llegarían merced a la providencia. Germinar trigo o cualquier otra semilla al igual como los chinos germinan la soja para comer sus brotes, era el remedio para la falta de alimento para el ganado, patos y gallinas. En aquellas épocas confiarse a dios pasaba por conocer el repertorio de medidas proactivas, que hiciera posible siempre jugar una carta más.
Para encontrar agua hubo que rascar la tierra. En un lugar del campo se decía de la existencia pasada de una «virtiente» que había caído en desuso y que aradas sucesivas habían ocultado con ayuda de las malezas. Y así a punta y marrón se logró despejar la fisura por la cual manaba el agua imperceptiblemente a un metro y medio de profundidad.
El asunto era no quedarse sentado, fue necesario sacar el agua de abajo de las piedras y esperar los interminables días de germinación. El tiempo pasó y volvió la sonrisa a la cara del tambero, el ganado engordó y de las ubres volvió a fluir la leche.
Cuando el tercero de aquellos diez productores desahuciados sentía que el procedimiento de los dos predecesores era auspicioso y que solamente hacía falta invertir trabajo muscular y poco dinero, llegó la «Ración del Gobierno», a pagar en plazos generosos y en especie, cuando la situación mejorara. Y llegó también una tregua a la sequía con una providencial lluvia, que seguirá siendo escasa dentro de un panorama de estrés ambiental, pero que permite concebir nuevas esperanzas una vez que la alternativa de producir alimento artesanalmente pasó la prueba de la verdad como lo ilustran las fotos***
Quedó la semilla plantada, a pesar del veinte por ciento de adhesión de los paisanos que vieron y pusieron en práctica una medida para cuando no hay más remedio, pero además se enteraron por boca del agrónomo que hay gallinas que ponen huevos de cáscara verde, procedentes de Chile (gallinas araucanas usadas en la ceremonias rogativas mapuches); y que luego de pastar las vacas en un potrero es conveniente echar a las gallinas sobre el mismo predio, para que coman los insectos que asoman luego del paso de los rumiantes, y que a la noche las aves se recojan al gallinero móvil que las introdujo tras el desalojo del ganado.
Una y otra vez el gallinero móvil es llevado de potrero en potrero para que a la noche las aves abonen con sus excrementos los predios pastoreados... esta es una práctica que el profeta tiene en vías de experimentación, con la que sueña como antes había soñado con la germinación de la semilla de trigo... había mantenido fresca la memoria a pesar de la sequía y la falta de pasto...
Daymán Cabrera Sureda